sábado, 21 de marzo de 2009

Divino Egoísta

Hoy vuelvo a ver el sol
Y lo único más grande es el cielo.
En él las nubes van o vienen.
Y el sol las ve pasar.

Agacho la mirada para ver más acá.
Las montañas tapan el horizonte anhelado.
Y las sombras de las nubes en ellas se ven.
La sombra se acerca o la luz huye.
El viento sopla la flora sin lograr moverla de ahí.

El río va montaña arriba a encontrarse con él mismo.
Yo persigo la luz para no encontrarme nunca.
De pie contemplo la grandeza de dios.
De pie contemplo la naturaleza del demonio.

Percibo al mundo girando por un instante sin permiso.
Un segundo que se irá castigado al precipicio.
Y en ese segundo va un pedazo de mí y otro de ti.
Pedazos que son nuestros sin saberlo, y nosotros sin decirlo.
Tú y yo sin ser lo que somos.

Escucho al colibrí que aletea eternamente.
Cada roce de ala me dice algo distinto.
Es la palabra de dios que trae alegremente.
Es el susurro de mi propio laberinto.

Apresurado corro a mi amuleto.
La tentación divina acecha cual felino.
Y mis oídos son ya de bosque desierto.
No vaya a ser que sucumba al miedo fácil.
Miedo que hace bien a los débiles,
Mas que aterra a los autosuficientes.

Huelo cada flor que topo a mi paso.
Y sus olores de historia milenaria me confiesan
La crónica de un divino, de un iluminado.
Crónica que ha sido cambiada, que ha sido manoseada.
Según su color la versión varía.
Según su olor la versión se amplía.

Espantado acudo bajo mi almohada.
Para oler sólo mi propio olor
Y ver sólo mi propio color.
Construyo mi crónica personal.
Crónica que es válida y real
Como la de cualquier flor de buen olor.

Siento el agua enfriar el calor de mis manos.
Robándoselo con mayoría absoluta.
Como cuando la nieve obstruye
Y la sal por bien destruye.
Alejando el agua divina de mis manos
El ansiado calor vuelve de a poco.

Abrumado con tanta agua
Casi ahogo de angustia.
Agua que quiere mojar hasta lo que
No pueda alcanzar.
Humedad teñida de santidad
Con promesas de nunca oxidar.

Gusto del sabor del aire.
Insípido como las palabras de un muerto.
Seco y enterrado cual civilización de piedra.
Aire gaseoso y disperso como la creencia de dios.
Dios diseminado y tergiversado por quienes lo crearon.
Creación imperfecta como todo aquello que es hecho.
Hechos de un dios que nadie creó porque él no creó a nadie.

Obstinado exhalo ipso facto.
La impureza no ha de llegar a mis entrañas.
¡Yo he de impedirlo!
¡Yo he de vencer al rebaño!
Aunque tenga que escupir las tripas envenenadas.
Aunque deba sentir el fuego sobre mi piel.
Aunque luego no quede nada de mí.
¡Seré yo quien viva!
¡Seré yo quien perdure!
¡Seré yo en quien crea!

Sospecho de la ira de un dios egocéntrico.
Presagio el castigo eterno de la envidia.
De saber que no ha podido con un miserable mortal.
De odiarse a sí mismo por otorgar razón a una bestia más.
Presiento la rabia de un niño que no obtiene lo que quiere.
Preveo el rencor del libre albedrío.
Ya oigo las espadas de su ejército luminoso.
Tropas movilizadas por un error en el sistema.
Generales resucitados para servir al todopoderoso.
Serviles lacayos de quien más ama la esclavitud.
Amor perverso convertido en odio por lo que ha hecho y por lo que es.
Odio que al no caberle en su espíritu, por ser más grande que él,
Tuvo la necesidad de encarnar en el demonio y actuar contra sí
Mismo para entretenerse.

Veo a dios frente a mí hoy.
Y lo toco.
Y es real.
Le hablo y responde.
Y le grito y me grita.
Y lo insulto y me insulta.
No tiene forma humana.
Más bien ninguna forma tiene.

¡Dios te he vencido!
Porque hoy tengo la seguridad en mí.
Porque el miedo a la muerte ya no tiene efecto.
¡Dios te he vencido!
Porque tu narcisismo jamás fue motivo de mi admiración.
Porque tu envidia a los otros dioses es lo que te hace actuar.
¡Dios te he vencido!
Porque el fuego de los infiernos es definitivamente más atractivo
Que las rosas de tu paraíso celestial.
Porque la inmortalidad que me prometes no te ha servido siquiera a ti.
¡Dios te he vencido!
Porque con tu omnipotencia has demostrado total negligencia frente a las miserias del mundo: ¡el mundo que tú hiciste!
Porque sin negar tu existencia, me niego a tu creencia.

Ahora descarga tu ira sobre mí.
Soy inmune de tu verbo.
Y al fin estoy tranquilo conmigo mismo.
Tu derrota ha levantado el obstáculo que impedía verme.
Hoy me conozco más, y mejor.
Antes la atención era para ti, Divino Egoísta.
Hoy me atiendo a mí y soy feliz.

Anda y destruye lo que he hecho
Porque no podrás destruirme a mí.
¡Dile al demonio que me arranque las piernas!
¡Dile que venga para consumar tu castigo!
¡Dile a él!
¡Dile a él porque tú no tienes las agallas!

¿O preferirás enviar a alguien de tu confianza?
¿Algún arcángel con su espada poderosa?
¿Algún querubín de luz incandescente?
¿Algún santo de estampita casera?

Pude hacer de mi alma y de mi cuerpo una sola esencia.
Viviré con mi espíritu puesto en las cosas de hoy.
No lo desperdiciaré para la eternidad.
No lo guardaré intacto esperando inmortalidad.
En mi causa están cuerpo, alma y espíritu,
Y los tres morirán cuando aquella muera.

Mi gloria no es para nadie.
Ni siquiera para mí mismo.
¡Deja de mendigarla!
Mi honor sólo mío es.
¡Deja de limosnearlo!

Yo no te considero el único dios.
Si acaso sólo uno más de ellos.
Y entre tantos el más avaro
Porque te quieres sólo a ti mismo
Y pides el amor de los demás.

Tampoco eres el más sabio.
Hombres de carne y hueso te han superado ya.
Hombres que no eran egoístas ni envidiosos.
Hombres que luchaban contra el miedo,
No que lo incentivaban como tú.

Tu sangre azul se ha descolorido.
Hoy estás cual rey sin heredero.
Hay hombres que podrían ser tus príncipes,
Incluso mujeres dispuestas a sacrificarse.
Pero tu egocentrismo te impide ceder divinidad.
¡Oh Divino Egoísta!

Hay quienes te procuran todo honor y gloria.
Hay quienes te juran fidelidad eterna.
Hay quienes combaten tu miedo.
Y hay quienes simplemente no creen en ti.
¡Oh Divino Egoísta!

Hay quienes por conveniencia te creen.
Y hay otros que lo hacen por el miedo que inspiras.
Yo no soy ninguno de ellos, no te creo ni te temo.
Y de estar solo no haría más que sentirme seguro.

Quema estas palabras si quieres.
No serás el único en hacerlo
Y yo no seré el último en reescribirlas.

¡Ahora vete!
No tengo nada más que decirte
Y tú nunca has dicho nada de mi interés.

Mario Sillas.

No hay comentarios: