"La lucha desigual de un hombre en el ocaso de su vida, contra la naturaleza llena de peligros y zozobras, y contra un enorme pez jamás visto, adquiere por momentos connotaciones de heroica epopeya en este relato del norteamericano Ernest Hemingway". Contraportada de Editores Mexicanos Unidos.Durante los tres meses de pesca que experimenta Santiago, sufre por las condiciones de intemperie, hambre, frío, sol abrasador, sed, soledad, nostalgia, abandono y desaliento. Sin embargo, la lucha con la que se ha encontrado le impide, como buen pescador, dejar su empresa. A través de todo el relato, el aire de esperanza puede respirarse y el espíritu juvenil y fuerte del viejo nos invita a dar la lucha con él por medio de la lectura atenta.
A continuación la parte que más me gustó:
"Imagínate si cada día alguien tuviera que matar a la luna, pensó. La luna se escapa. Pero imagínate nada más si cada día alguien tuviera que tratar de matar al sol. Nacimos con suerte, pensó.
Después sintió conmiseración por el gran pez que no tenía nada que comer, pero la determinación de acabar con él no atenuó la piedad que sentía. ¿Cuánta gente podrá comer con su carne? pensó, ¿pero merecen ese alimento? No, claro que no. No hay quien merezca comerlo, con esa manera de comportarse y su gran dignidad.
No entiendo de estas cosas, pensó. Pero que bueno que no tenemos que trabajar de matar al sol, la luna o las estrellas. Basta con vivir del mar y matar a nuestros verdaderos hermanos.
Ahora, consideró, tengo que pensar en la rastra. Tiene sus peligros y sus méritos. Puedo soltar tanta cuerda que me haga perderlo, si él hace un gran esfuerzo y la rastra hecha con los remos está en su lugar y el bote pierde lo ligero. La ligereza provoca el sufrimiento de los dos, pero también me tiene a salvo porque él todavía no utiliza toda su velocidad. Pase lo que pase, tengo que destripar el dorado para que no se eche a perder y yo me pueda comer algo y estar fuerte.
Voy a descansar una hora más y sentir si el pez continúa firme y sin variación antes de regresar a la popa a hacer mi trabajo y tomar una decisión. En tanto, puedo ver cómo actúa y si muestra algún cambio. Los remos son un buen truco, ¡pero ya llegó el momento de ir a lo seguro! Todavía es mucho pez, y ya vi que tiene el anzuelo en la esquina de la boca. Ha tenido la boca bien cerrada. El castigo del anzuelo no es nada. Lo que es todo es el castigo del hambre, y estar en contra de algo que no comprende. Descansa ahora, viejo, y déjalo trabajar hasta que te toque a ti."
Bello y trascendental resulta este pasaje para un revolucionario. Resaltar la dignidad del contrincante por más vil y espurio que nos parezca, al fin y al cabo él no hace otra que cosa que lo que nosotros, sólo que del otro lado. Estudiarlo y medirlo tanto que lleguemos a desarrollar una especie de afecto hacia él, al punto que el uno sin el otro dejarían de tener un sentido en la vida para sí mismos. Entregarse a la lucha, nuestra lucha, la que sea, la que nos da sentido, la que creemos justa, la que defenderíamos frente a todo, frente al enemigo, frente al mundo y frente a dios, es la enseñanza de nuestro veterano pescador. No importa si estamos viejos y nos faltan fuerzas, o si estamos muy jóvenes y nos falta experiencia, la clave está en la esperanza que nos da sentido, sea utópica o parezca mediocre, sea mundana y vanal o la creamos necesaria y oportuna.
Lo único en común que tienen todos los grandes hombres y mujeres, es que se atrevieron a actuar, aun cuando se burlaron de ellos, aun cuando fueron objeto de críticas, aun cuando lo perdieron todo y fracasaron, aun cuando no tuvieron el apoyo de nadie más que el de ellos mismos, aun cuando se sintieron solos en la lucha, aun cuando el adversario parecía invencible, aun cuando ya no quedaba nada, aun cuando la lógica les obligaba a rendirse, aun cuando una vida más fácil y ociosa los tentaba, aun cuando dios se les oponía, aun cuando todos los despreciaban, aun cuando dudaban de su lucha, aun cuando lloraban de sufrimiento e impotencia, aun cuando gritaban de rabia y sentimiento, aun cuando se deprimían y retraían, aun cuando huían para salvar su vida.
Este viejo no hace más que sumarse a la lista de personajes, reales o ficticios, que conforman, junto al CHE, FIDEL, PRESBERE, GÁUTAMA, AMARU, BOLIVAR, DESSALINES, GANDHI, ALLENDE, MAO, MIHN y otros, lo que para un ser humano decente significa luchar por un mundo menos desigual, más justo, menos violento, más equitativo, menos egoísta, más solidario, menos utilitarista, más humanista, menos consumista y más desapegado.
Sin duda es un gran ejemplo.
Mariano Salas N.