miércoles, 10 de diciembre de 2008

Asamblea Constituyente Parte 1: "Los Fofitos"

Un abogado, Rodolfo Saborío, y un politólogo, Rodolfo Cerdas, hablan sobre la inviabilidad de una Asamblea Constituyente en Costa Rica.

En sus artículos publicados en "La Nazión": "Restablecer la Constitución" y "Ojo crítico" esbozan algunos de sus argumentos en contra de la idea de Rodrigo Arias.

Los dos, de manera más o menos jocosa, plantean el mismo argumento y el más fácil de defender en este momento: simplemente no hay viabilidad para una Constituyente y los cambios necesarios no requieren de una reforma integral de la Carta Magna (que de por sí, no es eso lo que se plantea, sino una reforma a algunos aspectos de la Constitución).

Saborío dice que la actual diversidad de la fauna política electa no puede ponerse de acuerdo ni dialogar, por eso llevarla a una Constituyente sería asegurarnos la incertidumbre y su posterior fracaso. Lo que "Fofito" olvida es que el método para escoger a los constituyentes no ha sido discutido ni propuesto. De tal manera que bien podría hacerse vía elección popular, con postulaciones individuales y con el TSE dando un espacio igualitario de publicidad a cada aspirante (para proponer algo). Esto evita que las ansias de memoria histórica que tiene Rodrigo Arias (ser como su abuelo) se concreten fácilmente, ya que para ser electo en la constituyente no hay que ser miembro de un partido político necesariamente, y por lo tanto se eliminaría el riesgo de que el partido con la mayor maquinaria electorera nos lleve a una Constitución Política liberacionista.

Dice Saborío que la manera tradicional para convocar a una Constituyente es cuando el orden constitucional se ha roto. Tal cosa no ha pasado en Costa Rica -todavía. Esto es como el que dice que la refrigeradora a la que se le sale el agua y suena pavorosamente durante las noches, todavía aguanta. No debemos esperar a que se rompa el orden constitucional para realizar los cambios necesarios. Estos cambios, vía Asamblea Legislativa, no van a salir por la misma razón que da Saborío sobre la falta de diálogo entre los actores políticos actuales, pero sí podrían salir con gente ilustre que quiera ser constituyente.

La miopía de "Fofito" tiene su apogeo cuando pregunta si el modelo político actual se ha agotado (como otra condición para que sea necesaria una Constituyente), y para saber eso, establece 7 puntos que deben cumplirse para que una Constituyente sea pensable. Lo irónico del caso es que los 7 puntos se cumplen, dando pie a la pregunta de si será que don Rodolfo S. vive fuera de Costa Rica, en una caverna o simplemente se burla del lector.

Finalmente, nos dice que no hay materia prima de calidad en nuestro país como para que sea posible una Asamblea Constituyente, es decir, que en comparación con los constituyentes del 49, los "ilustres" de hoy son un ejemplo que sirve para desmentir la teoría de la evolución. Saborío dice esto aludiendo a la clase política que ocupa puestos públicos hoy, pero se olvida de que no necesariamente esa gente es la que debe ser constituyente.

Cierra su (des)articulado escrito diciendo que los actuales líderes nacionales son incapaces hasta de iniciar el proceso de transformación que el país necesita, pero que en algún momento llegará. Así, encierra una esperanza ciega y contradice sus dudas sobre la teoría de la evolución, esperando implícitamente que en el futuro sí existirán "abuelos de Rodrigo Arias".

Por otro camino, pero hacia el mismo lugar, "Fofito" Cerdas pone excusas para aplazar la necesaria reforma constitucional.
Con frases tan gastadas como "el momento no podría ser peor", "adiós a la división de poderes y a la neutralidad política constitucional" y el tono apocalíptico que lo caracteriza (pero en esta ocasión sin su agudeza característica), Cerdas nos obliga a usar "ante-ojo crítico" a la hora de leer su columna.

Es cierto que muchos de los problemas de gobernabilidad en el país son de una índole distinta a la constitucional, pero que hay que actualizar nuestra Constitución nadie lo duda. Dice "Fofito": "La Constituyente no resolverá problemas de desgobierno emanados de las fallas de quienes gobiernan y no de la Constitución." ¡Ah bárbaro! ¡Qué bruto! ¡Este tiene que ser constituyente! ¡Yo lo postulo!
¿Pensará don Rodolfo Cerdas que los gobernantes hacen las cosas en contra de la legalidad? ¿Que ésta les permite y faculta para "gobernar" de esa manera? ¿O que la ley es interpretada a su antojo (Sala Constitucional)? No me atrevo a decir qué pensará él, lo que yo creo es que hay un poco de las tres opciones. Y precisamente se debe al (des)orden jurídico existente en Costa Rica, cuyo fundamento no es otro que la Constitución Política misma.

Podríamos decir que las reformas necesarias son parciales, porque nos da miedo tomar al "toro por los cuernos", porque no queremos atacar el problema desde lo esencial o porque no tenemos idea de lo que haremos con una Constituyente encima (peligro presente). Pretender que nuestra Constitución no tiene fallas y que todo el problema de rezago en las decisiones, burocracia, ingobernabilidad parcial, descontento social, atrofia institucional y duplicidad de funciones se debe, exclusivamente, a la ineptitud de los gobernantes no es sino un clarísimo ejemplo de miopía política y "ceguera crítica".

La estructura de nuestro sistema político, plasmada en nuestra Constitución, afecta directamente el desenvolvimiento y las funciones de nuestros gobernantes y nuestras instituciones (esto será tratado en otra ocasión).


Pero puede que se trate de una ceguera voluntaria, sabiendo nosotros que Cerdas no es cualquier "opinador político". Para ocultar la necesidad de una Asamblea Constituyente, "Fofito" nos habla de: 1)crisis mundial, 2)el caso Crucitas, 3)el caso DIS, 4)el caso Sardinal, 5)el caso Comisión de Emergencias, 6)el cansancio del presidente y por último, 7)las cajas de Pandora (al mejor estilo Chinchilla). Eso se llama no saber distinguir entre lo coyuntural y lo trascendental. Creo que él los distingue, pero en esta ocasión los quiso unir.


Siempre habrán excusas para decir no a la Constituyente, siempre habrá miedo para cambiar el statu-quo y siempre habrá riesgo al intentar cosas nuevas. Hoy es la DIS, o Sardinal o Crucitas; mañana será el subsuelo marino, el espacio aéreo, la novia del primo del cuñado de una tía que es amiga de un gobernante importante, etc., etc.


Lo realmente triste del caso, es que quienes critican, quienes se dan el lujo de decir que lo que los otros hacen está así o asá, no proponen una vía alternativa para acabar con la situación (real o de percepción) de entrabamiento estatal. Parece que en Costa Rica lo normal es estar detrás del palo y cuando alguien se pone frente a él, entonces todos los demás le dicen: "estás detrás del palo".


Mariano Salas.



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