La modificación a las leyes de acuerdo con los intereses de las élites gobernantes, la explotación laboral amparada en quimeras ilusiones utopistas, la manipulación de las masas ignorantes, la represión ante cualquier disenso de opinión, la creación de un culto a la personalidad y la degeneración del cambio en más de lo mismo; son algunos de los temas que trata “Rebelión en la Granja” (1945) respecto a los derechos humanos, especialmente, los civiles.En nuestro país sucede algo parecido a la modificación que se hace de los siete mandamientos en la Granja Animal. Ciertamente no es una modificación o alteración flagrante de las leyes para conveniencia de los gobernantes como sí sucede en la novela, puesto que Costa Rica posee cierta institucionalidad que debe ser respetada o al menos parecer que así sea. Sin embargo, sí existe una suerte de interpretación de las leyes para conveniencia del gobierno. Esto, claro está, se refleja en el actuar de la Sala Constitucional, convertida en nuestros días, en el “Squearel” costarricense.
En casos como el de la posibilidad otorgada al ciudadano Óscar Arias para volver a participar en una elección presidencial, las consultas respecto a algunos capítulos del TLC con Centroamérica y Estados Unidos, las consultas respecto a algunos puntos de las leyes de implementación del mismo tratado y otros aspectos, forman parte de esa interpretación por conveniencia que se hace de la ley. Numerosos juristas y abogados constitucionalistas señalaron las graves faltas en que incurren los mencionados casos, pero la Sala se pronunció y esto es santa palabra en Costa Rica. Lo anterior revela que esta institución concentra una buena cuota del poder político del país, pese a ser un órgano del poder judicial, lo cual nos muestra el estado del (des)equilibrio de poderes en nuestro país, que podría llegar a asemejarse al nuevo status-quo impuesto por el cerdo Napoleón, cuando habiendo expulsado a Snowball, suprimió las asambleas que se realizaban en la granja los domingos, concentrando así el poder en sus manos.
Por otro lado, la sobreexplotación de que son víctimas los animales de la granja es un evidente ejemplo de la violación a los derechos humanos. Con la excusa de que los cerdos realizan un tipo de trabajo distinto, a nivel cerebral y de dirigencia, los demás animales aceptan el tener que cumplir con trabajos más forzosos y sin duda, más agotadores que el de los cerdos. Es una esclavitud la que viven estos animales, incluso peor que cuando estaban bajo el mando del señor Jones. Por suerte en Costa Rica tenemos una legislación clara en este sentido, y a nivel de percepción personal, creo que se cumple por lo menos en la mayoría de los casos. No obstante, otro arista de este tema es la utilización que se hace de los animales aprovechándose de su gran ignorancia y acogiendo los deseos que estos tienen de una granja más igual, donde todos sean tratados con respeto y dignidad. Consientes de ambas cosas, los cerdos gobernantes, además de corromper y prostituir los ideales inspiradores de la rebelión, terminan haciendo de los animales de la granja sus serviles esclavos. Esta parte puede que sí haya sido reproducida en nuestro país, por ejemplo con todas las promesas hechas a la población en torno al TLC.
Si bien puede que el engaño a la gente no sea una violación a los derechos humanos, sí constituye un abuso y una deshonestidad notables.
La represión aplicada por los cerdos hacia sus propios camaradas de rebelión es completamente contraria a los derechos humanos y constituye en este libro, una crítica a la época estalinista de la Unión Soviética. La siembra del temor al pensamiento divergente logra una efectiva obediencia, pero acaba por aniquilar todas las razones por las cuales la rebelión había sido realizada, las cuales a su vez son el fundamento que sostienen cualquier revolución o gobierno. Asimismo, el impedir que se piense de manera autónoma, socava el sentido que tienen los gobernantes para dirigir su país o territorio, derivando en una dictadura absoluta en donde sólo lo que dice el dictador es cierto.
Nuestro país actualmente no vive algo parecido, aunque al presidente no le guste la democracia porque la oposición no lo deja gobernar y haya manifestado “estar cansado” de que le controlen todo y de que se le pidan las cuentas que debe rendir, estamos lejos de caer en un Estado totalitario. Esto en buena parte porque no vivimos en un pueblo de animales… y al menos una minoría tiene el criterio suficiente para manifestar sus puntos de vista propios y divergentes al oficialismo.
El culto a la personalidad fue algo característico del régimen estalinista en la Unión Soviética. Si bien el régimen era ateo, existía una glorificación hacia la figura de Stalin que perfectamente podría considerarse como una religión. En nuestro país nos hemos podido percatar de la importancia otorgada hacia la imagen del presidente, a tal punto que existía por lo menos una persona encargada exclusivamente del cuidado y proyección de la imagen del presidente. Este tema incluso llegó a obligar la renuncia de una alta funcionaria del Ministerio de Cultura y Juventud, cuando pretendía colocar la figura del Ex Presidente Daniel Oduber en una pared del Museo Nacional y a tamaño real. Tal acción, perjudicaría la imagen del presidente según la asesora personal en este tema, ya que ambos habían tenido diferencias en el pasado.
Esto es sólo una muestra del grado de personalismo que persiste en nuestra sociedad actual, y es reconocido que de esta práctica al caudillismo sólo hay un paso.
Si bien los derechos humanos en Costa Rica son grosso modo respetados, debemos estar siempre vigilantes sobre ellos. No podemos considerar que las luchas por la libertad, la justicia, la igualdad y la equilibrada repartición de la riqueza ya fueron dadas y que, por lo tanto, ya en ese tema todo esté resuelto. Estos tres valores están tratando de ser alcanzados desde la revolución francesa (1789), y aún hoy, es difícil asegurar que existan plenamente en alguna democracia del mundo. No tomo en cuenta los derechos humanos de segunda y tercera generación porque no quiero terminar con un final triste, pero vale la pena rescatar que para alcanzarlos va a ser necesaria la educación. La educación fue la que le permitió a los cerdos (y es la que le permite a algunos cerdos hoy) conquistar el poder de la granja y hacer con ella lo que quisieron, a la vez que su ausencia le impidió al resto de los animales defenderse mejor y no perder su sueño. La educación tiene doble filo, y en ambos es igualmente filosa. Uno es el de la reproducción sistemática de los esquemas tradicionales de la sociedad, como el utilizado por los cerdos para con sus animales; el otro es el de la construcción de nuevos paradigmas mentales que acaben con la injusticia y la avaricia reinantes, del cual sólo existen ejemplos nunca materializados, tanto en la novela de Orwell como en la vida real. He ahí el molino que debemos construir.
Mariano Salas N.
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