sábado, 18 de octubre de 2008

¿Qué me dice Salvador Allende hoy?



Allende tiene un mensaje particular para los costarricenses de hoy. Su experiencia nos permite valorar las opciones de cambio que tiene nuestro país, el cual debido a su idiosincrasia y cultura democrática, rescata de Salvador Allende su espíritu civilista y su decidida manera de hacer política y llevar a cabo la transformación chilena. La política de Allende es profundamente ética, evasiva de toda noción de violencia o de armas para obtener, fundamentar y sostener su gobierno. Por esta razón constituye un referente imprescindible para todos los costarricenses que hoy promovemos un cambio, así como él una vez lo propuso en Chile.
No podemos olvidar que Salvador tardó años para alcanzar la presidencia de su país, presidencia, dicho sea de paso, lograda por la vía democrática, pacífica e institucional; la misma que tuvo que morir con él para ya no renacer más. Y no renace más porque Chile cayó en una dictadura ultra conservadora, aunada por los Estados Unidos, y hoy, continúa por un camino muy lejos de lo que Salvador hubiera esperado. Aquel 11 de setiembre de 1973 fue un duro golpe en la historia política de Chile, golpe que ha venido a reivindicarse, ahora que el mundo dio vuelta y la moneda cayó del otro lado, en un gran golpe para la historia estadounidense y mundial, marcando, según algunos, una nueva era política.
En alusión a esto el trovador cubano Silvio Rodríguez recita en su canción, Cita con Ángeles, las siguientes palabras:

“Setiembre aúlla todavía,
su doble saldo escalofriante,
todo sucede un mismo día,
gracias a un odio semejante,
el mismo ángel que allá en Chile
vio bombardear al presidente,
ve las dos torres con sus miles
cayendo inolvidablemente.”

No se crea aquí que dicha catástrofe es el precio merecido, fruto del odio sembrado en el mundo, de los Estados Unidos. No se trata de caer en el mismo juego que los imperialistas, sino de vencerlos de la mano con la verdad, la solidaridad y la paz, se trata de vencer con todo lo que ellos predican pero no aplican, para que la victoria sea real y duradera. El lema de campaña de Allende decía: “A todo vapor con Salvador”, hoy que ya no está nos dice: “A todo vapor con el valor”, “A todo vapor con el amor”, “A todo vapor con el calor”.
Calor, valor y amor que el pueblo costarricense, y sobre todo su juventud, poseen, pero que están cohibidos por una cultura de apatía política fomentada por los mismos gobernantes, quienes con su mal actuar, invitan a que el pueblo los ignore para ellos seguir perpetuándose en el poder.
Hoy Salvador Allende me dice que la fuerza de la juventud es lo único que me permitirá ser revolucionario, pero no esa fuerza que se acaba con la vejez, no esa fuerza que desvanece con los años el rostro fresco y vivo que da la juventud, sino aquella fuerza de habita en el corazón y lo alimenta, aquella fuerza que rejuvenece con los años los sentimientos más íntimos de la injusticia ajena, de la ecuanimidad con el prójimo, aquella fuerza que se queda con los verdaderos revolucionarios y los acompaña siempre, por más débiles y arrugadas que sus manos estén, sus mentes y sus pensamientos siguen teniendo la lucidez y la valentía de un espíritu joven, nervudo y pujante.
Pero no todo es puro coraje y esperanza, Allende también nos llama a recapacitar y a ser más analíticos, más reflexivos. Nos dice que no nos pase lo que a él, que aún teniendo todo el valor, todo el coraje, toda la esperanza, las ganas, la valentía y la disposición de un pueblo, no tenía los medios suficientes para hacer valer todos esos sentimientos. Hoy nos dice que sí, que los valores y principios son fundamentales e inalienables, pero también nos dice que es necesario crear en torno a ellos una estructura que los defienda, que dé todo por ellos. Salvador dio incluso su vida por los principios que defendía, pero se lo impidió a los ciudadanos y los llamó a que no lo hicieran por oponerse a generar una guerra civil que traería más sangre. De ese acto tan altruista, de ese suicidio altruista diría Durkheim, hoy se arrepiente Allende, y por eso pide a los jóvenes no ser tan filántropos o más bien serlo de una manera más reflexionada, con un mayor equilibrio entre razón y pasión.
Nos dice hoy Salvador Allende, que la calma y la prudencia no son virtudes que se aprehenden con la experiencia de la vida, que el temple del gobernante nunca debe minimizar su proyecto revolucionario, sino, por el contrario, la prudencia es parte del joven que cultiva la autocrítica y la reflexión interna, la calma sólo un estado anímico inmutable que es necesario romper de vez en cuando y el temple, la armadura donde se amalgaman razón y pasión, rebeldía y obediencia, incertidumbre y certeza. Esa es la armadura de un gobernante revolucionario y por eso eternamente joven, del que es prudente con la prudencia y así no se excede en medidas de precaución aunque sí las tome en cuenta, del que más allá de buenas pretensiones tiene planes y propuestas concretas y asibles.
Salvador Allende ajusta hoy sus gafas para dirigir su mirada hacia nuestra Costa Rica y ver en ella, cual agricultor veterano, el caldo de cultivo y las propiedades del suelo que harán germinar su proyecto revolucionario. Porque ha podido ver, en esta pequeña parcela de la humanidad, que no existe un ejército que pueda atentar alguna vez contra un proyecto de tales magnitudes, que hay una institucionalidad que se respeta en buena medida y que la paz y el respeto por los derechos humanos se cumplen como una herencia histórica. Sin embargo, como ha podido aprender de sí mismo, y ahora que su cráneo está partido permitiendo el rebose de su conocimiento para provecho nuestro, nos mira con una mano adelante y otra atrás, porque sabe que no todo lo que parece apto e idóneo lo es verdaderamente. Lleva su mano delantera, la izquierda, con un único dedo erguido, el único que tiene la capacidad de indicar donde será el renacimiento de lo que alguna vez impulsó, y trae su mano trasera, la derecha, convertida en puño fiero, listo para atacar aquello que amenace lo señalado.
Así, Allende a partir de su propia experiencia, me dice que los seres humanos imprescindibles son aquellos que además de tener una ética integral y de diamante, tienen también una fragilidad que sólo los hace más fuertes y un sentido común que les impide mudarse a los cielos y vivir allí para olvido de su gente.
Así también, nos pide hoy Salvador, que nunca maduremos políticamente, que conservemos la pubertad de la política como una de nuestras características, porque la madurez política viene siempre acompañada de la aceptación de sus vicios, de ver la corrupción y los abusos como parte de ella, de aceptar como normales y dadas las injusticias del mundo, de acostumbrarnos a que siempre alguien sale perdiendo y ese alguien siempre es el pueblo.
Salvador Allende me dice hoy, que el único y verdadero revolucionario es aquel que tiene la capacidad de revolucionarse a sí mismo, de cambiarse a sí mismo, de no aferrarse a una idea que consideró alguna vez brillante. Los falsos revolucionarios conquistan el poder, implantan sus ideas y nunca más las modifican, creyendo que el proceso de mejoramiento social ha llegado a su fin con ellos, convirtiéndose en épocas pasadas, sólo en conservadores del futuro. Aún si es su propio proyecto, aún si son sus propias ideas las que hay que cambiar, el verdadero revolucionario tiene la personalidad, la calma, el realismo y el temple para hacerlo y liderarlo, porque sabe que así se reivindica, porque sabe que así revoluciona.

"El dirigente político universitario tendrá más autoridad moral, si acaso es también un buen estudiante universitario".
Salvador Allende.




Mariano Salas N.

1 comentario:

Azul Cielo dijo...

Todos los 11 de Setiembres mami siempre me dice que a diferencia de lo que todo el mundo llora y recuerda (las torres gemelas), recordemos la caída de Allende para no volver a caer de nuevo en una tiranía como la que se vivió por aquel tiempo..
saludos marianito jeje

stelita